sábado, 20 de octubre de 2012

José María Pallaoro




La imagen verdadera

Las piernas heladas, y una melodía que zumba, zumba, zumba.
Nadie  toca  la  tapa  del  cielo,  una  luna  perdida.  Un  maldito
olor que sale de entre las piernas de un durazno dormido en
la  pileta  de  la  cocina.  En  la  casa  el  estío  se  eterniza,  es  la
hora de anclar. Pero el espacio es limitado y hay una incesante
negociación donde siempre se pierde. Bingo. Zumba. Bingo.
Zumba. Turbulento fluir del tiempo. Ramas cortadas, afuera,
secas  y  frías,  como  mis  pies.  Limpiar  la  estufa  de  cenizas,
limpiar la casa de camelias blancas, despejar el lugar para dar
cabida al cielo del otoño. Una manera de curarse, islas, donde
lo que sana se desnuda, y se cubre y protege de la lana ancha
del agua. Zumba. Se activa el sonido. Zumba. El obturador,
zumba. Y al cerrar los ojos, la fotografía caracolea un camino,
y a lo lejos se ve la mora y un patio donde poder encontrarse.

11.05.11



Sontag

En el breve atardecer, la noche desnace al hijo. La lluvia cae
salpicando las naranjas que aún no pude juntar. Hace frío en el
galpón de los sueños, y a ella le agrada la fotografía perfecta
del amor. Su nombre vibra lejos, como el negro cigarrillo que
seguro  se  consume  entre  sus  dedos.    Hay  un  humo  que  se
disipa junto al corte de luz involuntario. A oscuras, cierra los
ojos y, en el hueco que dejó mi corazón extirpado hace más de
seis años, ve nuestro atardecer mojado de jugos ilícitos.

24.05.11



Límites

En la vieja estación, a la hora de la bruma, pasa la soledad;
va,  solita,  sin  brisa,  viento  ni  tempestades,  hacia  los  cuatro
extremos  del  mundo.  Los  sueños  descansan  en  regresos  y
puntos de partida. Quietos y sueltos en su larga noche.

31.08.11




De 33 papelitos y una mora horizontal, Libros de la Talita Dorada, 2012.







No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada